Berlín, 11 oct (dpa) – La elección de las palabras y el tono de voz suelen ser clave durante una consulta médica, y determinan cómo los pacientes entienden y viven su tratamiento, según el experto alemán Sven Benson.
Benson, director del Instituto de Didáctica Médica del Hospital Universitario de Essen, añade en su estudio que a menudo pequeños matices marcan la diferencia entre que un paciente afronte su tratamiento con motivación y tome realmente un medicamento —y, por tanto, que se produzca una mejora real—.
El experto subraya que muchas personas podrían encontrarse mejor si más médicos se comunicaran de forma adecuada y eficaz. La comunicación desempeña un papel inmenso, junto con los conocimientos especializados y la atención adecuada a los pacientes, explica.
«Hace siglos, la medicina funcionaba de tal manera de que, en esencia, todo giraba en torno a la comunicación y los rituales, y se disponía de relativamente pocos medicamentos eficaces», añade. «Este conocimiento sobre el poder de las palabras y la fe se ha perdido un poco en la era de la medicina convencional moderna».
Sin embargo, una buena comunicación es tan importante para el diagnóstico como para la comprensión y la motivación del paciente. «Y también tiene que ver con la seguridad del paciente», dice Benson. Cuando el ambiente de la conversación es bueno, los pacientes se atreven más a comunicar si algo no va como ellos esperan, sin limitarse solo a dejar de tomar el medicamento recetado.
Pequeña diferencia, gran efecto
Si un médico dice «el 10 % de los pacientes sufre efectos secundarios» en lugar de «9 de cada 10 pacientes toleran bien el medicamento», puede producirse un fenómeno concreto, a menudo de gran intensidad: el efecto nocebo, señalan Benson y su equipo en un estudio.
Mientras que en el efecto placebo la mera expectativa positiva contribuye a una mejora de los síntomas o a un mayor efecto de los medicamentos y las terapias, el efecto nocebo conlleva consecuencias negativas para la salud debido a las expectativas negativas.
Benson también destaca lo importante que es que un paciente, que puede estar nervioso, se sienta a gusto desde el principio de la consulta. Una buena idea para los médicos de cabecera es ir a buscar al paciente a la sala de espera. «Esto da pie a una pequeña charla inicial y permite observar su forma de andar, de la que se pueden deducir muchas cosas».