Año 9, Número 27 – 8 de Julio de 2026

ISSN 2591 4227

Doris Dörrie aborda la vejez, los cuidados y la soledad en su nuevo film

La directora de cine alemana Doris Dörrie se imagina en el futuro a robots encargándose del cuidado de personas mayores o enfermas.

«Me imagino perfectamente que una IA pueda hacer más llevadera la soledad», dijo la muniquesa, de 71 años, a la agencia dpa. Ser mayor y estar enfermo, y tener que depender de cuidados, puede ser una carga. «Y si esa carga se aligera un poco gracias a una IA y a un robot, ¿por qué no?»

Política, novelas y un juego de mesa

¿Qué debería ofrecer su robot ideal? «Tendría que poder discutir conmigo sobre política, pero también me encantaría que me leyera todos los clásicos rusos o franceses. Todos los volúmenes de Émile Zola que no he podido leer, por ejemplo», explicó la cineasta, quien también aborda el tema en su nueva película.

Y un juego de mesa muy popular en Japón también ocupa un lugar destacado en la lista de deseos: «Tendría que jugar al Go conmigo».

En la tragicomedia «Frau Winkler verlässt das Haus» («La señora Winkler sale de casa»), una antigua actriz recibe de su hija precisamente un robot así y se llena de alegría cuando descubre que la inteligencia artificial sabe recitar obras de teatro de manera maravillosa. La película se estrena el 1 de octubre en los cines alemanes.

 

«Un miedo irracional» a las arrugas

Con su película, Dörrie también quiere promover la apertura ante temas como la vejez, la enfermedad y la muerte. «Cuanto más intentamos alejar todo eso de nosotros y negarlo, mayor se vuelve el miedo», opina.

«Todo empieza con ese miedo irracional a que, en algún momento, me salga aunque sea una sola arruga, y a que lo mejor sea inyectarme bótox ya a los veinte años. Y a eso se suma esta obsesión por la longevidad que se está extendiendo, y esa idea de que solo tengo que hacer los ejercicios correctos y tomar el suplemento adecuado, y así no envejeceré, no me enfermaré ni moriré».

 

«No apoyamos lo suficiente al sector de los cuidadores»

¿Y cómo le gustaría que fuera el final de su propia vida? «Al igual que todas las personas, deseo una buena muerte», dijo la directora, «con dignidad, acompañada y, a ser posible, sin dolor».

Y, con suerte, bien atendida y cuidada. «Pero tenemos muy pocas plazas de cuidados paliativos, muy pocos hospicios, muy poco dinero para la atención. No apoyamos lo suficiente a los cuidadores y, sobre todo, a quienes cuidan en casa», resume Dörrie. Por cierto, en la mayoría de los casos se trata de mujeres, recuerda. «Simplemente se nos asigna a las mujeres esta tarea como si fuera nuestro trabajo, como si fuéramos las únicas que tenemos que hacerlo».

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