Año 9, Número 27 – 8 de Julio de 2026

ISSN 2591 4227

Cineastas iraníes estrenan documental sobre famoso club KitKat de Berlín

Por Andreas Rabenstein (dpa)

La visita al legendario club KitKat de Berlín, uno de los templos del fetichismo famoso por la libertad sexual, busca una inmersión en un mundo paralelo alejado de la realidad, según un nuevo documental.

«One Night at KitKat», de la pareja de directores iraníes Mohsen Najafimehri y Diba Darbari, que se interna en este club donde normalmente se prohíbe filmar y sacar fotos, tendrá su estreno el 30 de septiembre en la mediateca de la emisora pública alemana ARD y el 8 de octubre en 3sat.

 

Desnudo, semidesnudo, charol, cuero y látex

Los cineastas muestran mucho y dejan poco afuera de la multitudinaria fiesta tecno con cientos de bailarines en dos pistas de baile y diversos espacios.

Numerosos jóvenes y también algunas personas mayores en lencería transparente, ropa interior mínima, pantalones de cuero o arneses, con vestuarios elaborados, completamente desnudos, semidesnudos o con monos de charol o látex de cuerpo entero, máscaras incluidas.

«El atractivo radica en lo perverso y, tal vez, también en lo prohibido», comenta una visitante sobre el club de Berlin-Mitte, ubicado entre Alexanderplatz y Oranienplatz en Kreuzberg.

Besos pasionales y prácticas BDSM con cuerdas, ataduras y cera líquida pueden verse tanto como encuentros sexuales a media luz cerca de la pista de baile.

En el centro de «One Night at KitKat», que prescinde de voz en off, se encuentran sin embargo personas que buscan algo diferente de la simple fiesta, las drogas y el sexo que persigue la mayoría de los turistas.

Una pareja joven relata sus depresiones previas y el temor hacia su propio cuerpo. A través del gusto por disfrazarse y de celebrar entre gente mayoritariamente desnuda y en total libertad, recuperaron la alegría por la propia corporalidad, aun con sus imperfecciones.

 

«Una extraña sensación de hogar»

Una artista de Tel Aviv que reside desde hace tiempo en Berlín relata su sufrimiento como un hombre desdichado en el cuerpo equivocado y su transición hacia la mujer. Su primera visita al «Kitty», como lo llaman algunos clientes habituales, fue para ella un «momento mágico» en su vida: «Me sentí en casa, una extraña sensación de hogar».

El documental aborda la progresiva expansión del club a través de la mirada de los porteros, el vestuario y el guardarropa, para luego recorrer las barras, la piscina, las pistas de baile y los sótanos. Sin embargo, todo comenzó de manera modesta hace más de 30 años en Kreuzberg, según relatan sus fundadores, Simon y Kirsten.

Fue a principios de la década del ’90 en el convulso Berlín tras la reunificación. «Intentábamos ver hasta dónde se podía llegar», afirma Simon, quien por entonces venía de vivir varios años al margen del sistema en Europa y la India. «La idea era probar todo lo que existiera, pero en un sentido consciente, por supuesto, y no por mero consumo».

El club nació modestamente, a partir de preferencias privadas por el sexo, la libertad y el hedonismo. Luego, el KitKat adquirió fama rápidamente.

Actualmente el sótano también acoge noches de tango, mientras que al caer la tarde un cuarteto de cuerdas interpreta música clásica junto a la piscina, aunque sin ropa. La programación incluye desde eventos de sexo especializado en el sótano hasta fiestas queer.

 

Llega la mañana

En algún momento la noche llega a su fin y, a lo largo de la mañana, el KitKat comienza a vaciarse. La mujer de Tel Aviv señala: «El momento más difícil es volver a salir a la mañana, ir a casa. Porque nadie quiere enfrentarse allá afuera al mundo real».

«One Night at KitKat» está clasificada para mayores de 16 años. Recientemente se estrenó en los cines otro documental, «KitKatClub – Kinks of Berlin» (Philipp Fussenegger), coproducido por la emisora ZDF.

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