Año 9, Número 27 – 8 de Julio de 2026

ISSN 2591 4227

La presencia del Muro de Berlín resuena 65 años después

Por Verena Schmitt-Roschmann (dpa)

Mario Röllig se enamoró a sus 17 años de un hombre de Berlín Occidental, pero el Muro de Berlín se interpuso entre ambos. Aunque su pareja podía visitarlo en la República Democrática Alemana (RDA), el Ministerio para la Seguridad del Estado le exigió espiarlo para hacerlo vulnerable a un posible chantaje.

En 1987, bajo una presión creciente, el joven intentó huir a través de Bulgaria, pero fue detenido y encarcelado por la Stasi durante cuatro meses en la prisión de Hohenschönhausen. Por la noche, los guardias controlaban por la rendija de la celda si los reclusos dormían boca arriba, según las normas. Darse vuelta estaba estrictamente prohibido. Hasta el día de hoy, contó Röllig, a veces se despierta sobresaltado cuando se encuentra durmiendo de lado.

Röllig relata su historia durante una visita de la presidenta del Bundestag, Julia Klöckner, al Memorial Berlín-Hohenschönhausen, poco antes del 65 aniversario de la construcción del Muro de Berlín, el 13 de agosto de 1961.

El Muro desapareció sin dejar casi rastros desde que la revolución pacífica en la RDA lo hiciera caer en 1989. Solo quedan fragmentos, como la colorida East Side Gallery en Friedrichshain. Sin embargo, a la sombra de las torres de vigilancia el extinto Estado del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED) resulta todavía muy tangible. «El Muro fue para las ciudadanas y los ciudadanos de la RDA una prisión de hormigón», afirmó Klöckner.

La RDA liderada por Walter Ulbricht comenzó la construcción del Muro para frenar un éxodo. Según la Fundación del Muro de Berlín, hasta cuatro millones de personas huyeron de la RDA entre la fundación del Estado en 1949 y agosto de 1961.

La frontera con la República Federal de Alemania ya se había sellado en 1952. Sin embargo, los pasos fronterizos entre los cuatro sectores de Berlín dividido permanecieron como una vía de escape. Tan solo entre el 1 y el 13 de agosto de 1961, 47.000 alemanes orientales abandonaron su país por esta vía, en la búsqueda de libertad o prosperidad en Occidente.

Por orden de la cúpula del SED, en la madrugada del 13 de agosto soldados y cuadrillas de construcción comenzaron a bloquear la frontera del sector soviético con trozos de asfalto, adoquines y postes de hormigón. Fue el inicio del muro, que llegó a tener 155 kilómetros de longitud.

La división persiste

¿Qué significa esto más de seis décadas después, casi 36 años tras el fin de la RDA? La comisionada para el Este de Alemania, Elisabeth Kaiser, recuerda algo que hoy para muchos resulta casi inimaginable: arriesgar la vida para abandonar el propio país.

Alambres de espino, torres de vigilancia, patrullas caninas, disparos: solo en Berlín, la Fundación del Muro de Berlín contabiliza 140 muertes relacionadas con el régimen fronterizo de la RDA. En total, se calcula que los intentos de fuga de la nación comunista costaron la vida a 915 personas.

El otro aspecto que Kaiser destacó a dpa es que la división perdura hasta hoy, ya que ambas partes de Alemania evolucionaron de manera distinta durante décadas. Los ingresos, la aplicación de los convenios colectivos y las pensiones siguen siendo inferiores hoy en el este de Alemania, indicó, mientras el desempleo es más alto.

Y, según analizó la comisionada, falta una sociedad civil con una base financiera sólida, al igual que las grandes estructuras de las organizaciones de bienestar social, las iglesias o las empresas. «Todas estas son, precisamente, consecuencias de esa división que se manifestó a través del Muro», observó.

Este y oeste, un recuerdo dividido

También la visión retrospectiva de la RDA suele ser dispar: en el Este parece ser más compleja y menos categórica. Así lo muestra un sondeo de Forsa realizado en 2025 entre 1.643 berlineses.

De los encuestados que vivían en el Oeste hasta 1990, el 52 % calificó a la RDA de dictatorial. Entre los del Este, solo fue el 38 %. El 29 % de los berlineses orientales encuestados consideraba además a la RDA «orientada a las personas» o «protectora», mientras que entre los berlineses occidentales apenas alcanzaba el 4 %.

La comisionada para las Víctimas del SED, Evelyn Zupke, se indignó: «Cada día que la RDA queda más lejos, se vuelve supuestamente más hermosa». Y la exactivista por los derechos civiles en la RDA dijo a dpa que «la nostalgia en el ámbito privado puede ser comprensible. La idealización política de una dictadura es peligrosa».

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