Año 9, Número 27 – 8 de Julio de 2026

ISSN 2591 4227

Oswald Ungers: el alemán que marcó la arquitectura del siglo XX

Por Christoph Driessen (dpa)

Oswald Mathias Ungers (1926-2007), quien habría cumplido 100 años el próximo 12 de julio, es considerado uno de los arquitectos alemanes más influyentes del siglo XX.

Su antigua responsable de prensa y asistente personal, Anja Sieber-Albers, lo recuerda como un hombre con una memoria excepcional y una capacidad extraordinaria para retener imágenes y detalles.

«Tenía un cerebro especial», explica Sieber-Albers. Durante las reuniones, Ungers podía recordar con precisión fotografías concretas, incluso detalles mínimos como la posición de una nube en una imagen. «Era una memoria fotográfica. No conozco a nadie que tuviera tanto en la cabeza», afirma.

Sieber-Albers recuerda que Ungers era un «jefe estricto», y esa misma rigurosidad se reflejaba en su arquitectura. Por ello, algunos críticos llegaron a apodarlo el «tirano del cuadrado».

Quienes quieran formarse su propia opinión pueden visitar sus edificios, entre ellos la puerta de entrada del recinto ferial de Fráncfort, la Biblioteca Estatal de Baden en Karlsruhe, la Galería de Arte Contemporáneo de Hamburgo y los Dorotheenhöfe de Berlín.

 

«No era un hombre de bromas ni de chistes»

Aún mayor fue la influencia de Ungers como teórico de la arquitectura y profesor universitario. Su enfoque analítico y científico marcó a varias generaciones.

¿Las modas decorativas? Van y vienen. Pero un volumen arquitectónico de proporciones claras puede perdurar durante siglos. Esa era su filosofía. La autorrealización personal mediante formas de expresión completamente individuales no era lo suyo. «No era un hombre de bromas ni de chistes», señala Sieber-Albers.

Ahora, junto con su hija Sophia, organizó una exposición en el Museo de Artes Aplicadas de Colonia (MAKK), en el oeste del país, que podrá visitarse hasta el 27 de septiembre. La muestra «O.M. Ungers – Arquitectura como idea», pretende mostrar que Ungers fue mucho más que un arquitecto. También diseñó muebles, joyas y jardines, elementos que en conjunto forman una obra de arte integral.

Al inicio de la exposición se puede ver a Ungers ya anciano, durante una retrospectiva de su obra en la Nueva Galería Nacional de Berlín, frente a una fotografía suya de cuando era un joven profesor. En ambas imágenes lleva una gabardina: también en su estilo de vestir se mantuvo fiel a sí mismo e ignoró las modas.

La muestra se centra en algunas de sus construcciones más representativas, comenzando por su primera vivienda propia en Colonia, construida en 1958. Unos 40 años después levantó otro edificio residencial, la «Casa sin atributos». A primera vista, allí no hay una parte delantera ni una trasera, ni siquiera una puerta de entrada.

«El cartero no sabía dónde dejar el correo», recuerda Sieber-Albers. La comparación muestra que, con el paso del tiempo, Ungers fue eliminando cada vez más los elementos decorativos.

Su arquitectura fue evolucionando hacia una mayor depuración, hasta eliminar los elementos superfluos y quedarse con la esencia de las formas. «Seguí puliendo, puliendo, puliendo, hasta que esto quedó: la forma original», solía decir Ungers, según recuerda su antigua colaboradora.

El arquitecto, conocido como «el gran depurador», emprendió así un camino de abstracción similar al del pintor alemán Gerhard Richter, a quien conocía bien.

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