Año 9, Número 27 – 8 de Julio de 2026

ISSN 2591 4227

De testamentos y adioses. Carta de Bolívar a su prima Fanny de Villars por Gerardo Molina

Prof. Gerardo Molina – Poeta y Escritor – Uruguay

gerardomolinacastrillo@gmail.com 

 

Santa Marta, 6 de diciembre de 1830

Querida prima:

¿Te extraña que piense en ti al borde del sepulcro?

Ha llegado la última hora; tengo al frente el mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1805.

Por sobre mí, el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores, el más grandioso derroche de luz.

Y tú estás conmigo, porque todos me abandonan; tú estás conmigo en los postreros latidos de la vida, en las últimas fulguraciones de la conciencia.

¡Adiós Fanny! Esta carta, llena de signos vacilantes, la escribe la mano que estrechó las tuyas en las horas del amor, de la esperanza, de la fe.

Esta es la letra que iluminó el relámpago de los cañones de Boyacá y Carabobo; esta es la letra escrita del decreto de Trujillo y del mensaje del Congreso de Angostura.

No la reconoces, ¿verdad? Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despiadado la realidad de este supremo instante.

Si yo hubiera muerto en un campo de batalla frente al enemigo, te dejaría mi gloria, la gloria que entreví a tu lado en los campos de un sol de primavera.

Muero miserable, proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores, víctima de un inmenso dolor; presa de infinitas amarguras. Te dejo el recuerdo de mis tristezas y lágrimas que no llegarán a verter mis ojos.

¿No es digna de tu grandeza tal ofrenda?

Estuviste en mi alma en el peligro, conmigo presidiste los consejos del gobierno, tuyos son mis triunfos y tuyos mis reveses, tuyos son también mi último pensamiento y mi pena final.

En las noches galantes del Magdalena vi desfilar mil veces la góndola de Byron por las calles de Venecia, en ella iban grandes bellezas y grandes hermosuras, pero no ibas tú; porque tú flotabas en mi alma mostrada por las níveas castidades.

A la hora de los grandes desengaños, a la hora de las últimas congojas apareces ante mis ojos de moribundo con los hechizos de la juventud y de la fortuna; me miras y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes; me hablas y en tu voz escucho las dianas de Junín.

Adiós, Fanny, todo ha terminado. Juventud, ilusiones, risas y alegrías se hunden en la nada, sólo quedas tú como ilusión serafina señoreando el infinito, dominando la eternidad.

Me tocó la misión del relámpago: rasgar un instante las tinieblas, fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderse en el vacío.

 

Simón Bolívar (Caracas, Venezuela -1783- Santa Marta, Colombia, 1830), el Libertador. Hijo de Don Juan Vicente Bolívar y Doña María de la Concepción Palacios y Blanco. Un aristócrata, Simón Bolívar recibió una excelente educación de sus tutores. A los quince años, al perder a sus padres, su tío, Don Carlos Palacios, lo envío a España para seguir su educación. En España conoció a María Teresa Toro con quien se casó. Poco después de volver a Venezuela, María Teresa murió. Su muerte afectó a Bolívar tremendamente y juró nunca más casarse. Más tarde regresó a Europa con Simón Rodríguez y visitó Italia. Fue en Roma, en el Cerro Aventino, que Simón Bolívar juró nunca descansar hasta que Latinoamérica estuviera libre. A su regreso a Venezuela en 1806, se dedicó inmediatamente a la lucha para la independencia.  Así, participó en la revolución de 1810 iniciada por Francisco de Miranda y ante el fracaso de la misma, retomó la lucha en Cartagena de Indias. Lideró también la independencia de Colombia, Ecuador, Panamá y Perú. Pero unos pocos años después de haberla logrado, el sueño de Bolívar se vio frustrado debido a las divergencias internas que llevaron a la fragmentación de la América.

 

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