Año 9, Número 27 – 8 de Julio de 2026

ISSN 2591 4227

Datos clave del Festival de Bayreuth en su 150 aniversario

Por Kathrin Zeilmann y Britta Schultejans (dpa)

Una nueva edición del Festival de Bayreuth, dedicado a Richard Wagner, comienza este sábado en Alemania. Pero, ¿qué es lo que deben saber los que no conocen tanto de ópera acerca de este evento de relevancia mundial, que cumple 150 ediciones?

Sí, es bastante caluroso e incómodo

Un teatro dedicado a un solo artista sigue siendo hasta hoy en día una sensación en el panorama cultural internacional. Todo allí sigue estando alineado con los planes e ideas del compositor alemán Richard Wagner (1813-1883). Y como en el año 1876 no había aire acondicionado, hoy en día tampoco lo hay. Algo que puede volverse bastante incómodo en pleno verano, con temperaturas exteriores de más de 30 grados.

Al cabo de una hora, como mínimo, el sudor empapa el esmoquin y el maquillaje ya no está donde solía. Quizá el único consuelo es que a todos les pasa lo mismo, sean personalidades VIP o personas que han ahorrado duramente para comprar su entrada.

Las filas de asientos son además bastante estrechas; quien no permanece en su sitio con absoluta devoción y sin mover siquiera un poco la pierna puede llegar a ganarse varias miradas de desaprobación. El crujido del envoltorio de un caramelo para la tos es considerado una afrenta.

Sí, la acústica es grandiosa

El teatro «Festspielhaus» de Bayreuth es aclamado en todo el mundo por su acústica única. La música parece venir de todas partes, aunque en realidad emerge del foso de la orquesta, que está cubierto. Además, hay muy pocas decoraciones en la sala, ya que la idea es que la concentración esté puesta exclusivamente en la música. Para quienes trabajan en Bayreuth, la acústica representa, sin dudas, un gran desafío.

«En verano, en Bayreuth, casi tengo que quitarme literalmente mis oídos normales y ponerme los oídos de Bayreuth. Aquí hay que escuchar de una forma completamente diferente. Por eso también es bueno no dirigir en ningún otro sitio cuando se está en Bayreuth», dijo alguna vez el director de orquesta Christian Thielemann en una entrevista con la cadena alemana BR.

Sí, es un asunto familiar

Se ha llegado a calificar a la familia Wagner como «los Windsor alemanes»: en ella se unen disputas, rencillas, pero también una innegable aspiración al poder. En vida de Richard Wagner, según se relata por ejemplo en el libro «Wagners Welttheater» (El teatro del mundo de Wagner), de Bernd Buchner, no estaba en absoluto garantizado que el festival se convirtiera en una institución permanente. Fue su viuda Cosima quien hizo realidad esa continuidad.

Al frente del festival han estado y siguen estando hasta hoy los descendientes de Wagner, en la actualidad su bisnieta Katharina Wagner. En la lucha por el cargo ha habido rupturas entre las ramas familiares y grandes reconciliaciones. Según los observadores, es una característica exclusiva de Bayreuth que un descendiente del fundador lo dirija.

Aunque entretanto los financiadores —el Gobierno federal alemán y el estado federado de Baviera— también tienen voz y voto. De cara al público, Katharina Wagner es percibida, por supuesto, como la directora del festival, explica el autor Bernd Buchner. Sin embargo, en la práctica, Bayreuth se ha convertido en un teatro estatal. «La familia Wagner está prácticamente despojada de poder», dijo a dpa.

Hasta este año, por cierto, no ha habido ni una sola mujer que no se apellidara Wagner que haya dirigido una puesta en escena en la Colina Verde. Hasta ahora, solo Cosima y Katharina Wagner lo hicieron. Esto cambiará en 2026 con las directoras Alexandra Szemerédy y Magdolna Parditka y su interpretación de «Rienzi».

Sí, es un desfile de personalidades políticas

La llegada de las celebridades es un espectáculo en sí cada año, aunque el glamur y el brillo no puedan competir en absoluto con las alfombras rojas de los festivales de cine o los estrenos de Hollywood. En Bayreuth les gusta recordar, por supuesto, que el actual rey británico Carlos III, Gorbachov y la reina Silvia de Suecia estuvieron allí alguna vez.

Actualmente, los invitados de honor el día del estreno proceden sobre todo de la política alemana: Angela Merkel, entusiasta seguidora de las óperas de Wagner, convirtió el festival en una cita obligada durante su mandato como canciller. Su sucesor, el socialdemócrata Olaf Scholz, no acudió a Bayreuth, pero Friedrich Merz asistirá ahora por segunda vez como canciller. El primer ministro de Baviera, el conservador Markus Söder, tampoco falta nunca a la cita.

No, no hay una gran variedad

Al menos, los responsables no tienen que devanarse los sesos pensando cómo diseñar la programación ni qué novedades o sensaciones ofrecer. Cuando Claudia Roth, del partido Los Verdes, propuso hace dos años como secretaria de Estado de Cultura rejuvenecer el festival e incluir por ejemplo «Hansel y Gretel», de Engelbert Humperdinck, se topó sobre todo con incomprensión y burlas.

Y es que en Bayreuth solo se representan la tetralogía «El anillo del nibelungo», «El holandés errante», «Lohengrin», «Tannhäuser», «Tristán e Isolda», «Los maestros cantores de Núremberg» y «Parsifal».

En raras ocasiones también se puede escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven, como ocurrirá ahora con motivo del 150º aniversario este sábado. Para la efeméride se suma además la obra de juventud de Wagner, «Rienzi», cuyo estreno tendrá lugar el domingo 26 de julio. No obstante, la representación de Rienzi será una excepción absoluta. El año que viene se volverá al canon tradicional.

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