Año 9, Número 27 – 8 de Julio de 2026

ISSN 2591 4227

Cierra en Hamburgo la peluquería Harry, la del corte icónico de los Beatles

Por Martin Fischer (texto)

Los Beatles fueron tal vez las celebridades más famosas que pasaron por el «Salón Harry», la peluquería de donde los entonces jóvenes músicos salieron con su icónico corte de pelo estilo «taza» en el barrio de Sankt Pauli de Hamburgo, en el norte de Alemania.

Sin embargo, desde hace algunos días en el local en la calle Davidstrasse -que también fue frecuentado por otras personalidades del mundo del espectáculo, de la zona roja y un gran número de fieles clientes de todo el mundo- ya no se peina ni se cortan cabellos.

Según cuentan Franz Stenzel, de 81 años, y Ute Bickeleit, de 63, desde 1906 siempre existió una peluquería en el edificio número 23, enfrente de la comisaría más conocida de la zona roja. Pero ahora se acabó. «Hace tres semanas tomamos la decisión de cerrar el local definitivamente».

 

«Hemos llorado mucho» 

Desde los años ’80, ambos trabajaron primero como empleados de Harry y luego como propietarios. A finales de mes, el salón deberá quedar totalmente vacío. «Hemos llorado mucho», señala Bickeleit. «También han llorado muchos clientes».

El fin de semana llegarán los hombres a cargo del trabajo pesado, para retirar los cómodos sillones con sus tapizado oscuro, situados frente a la pared de caoba con los espejos, y también las mesas de mármol verde y las lámparas con soportes de bronce. Todo debe desaparecer e irá «a parar a la basura», se lamenta Bickeleit con cierta nostalgia.

«Nos habría gustado entregárselo a un sucesor», admite Stenzel, quien llegó hace más de 40 años a Hamburgo desde el puerto de Gdansk, en Polonia, pasando por Bonn, donde le cortó el pelo a más de un político en la entonces capital de Alemania Occidental.

En realidad, el peluquero quería dirigirse a Kiel, sobre el mar Báltico, pero se equivocó al tomar una salida de autopista. Quería asentarse en esa ciudad portuaria «porque pensaba que era como Gdansk».

Pero cuando cruzó Hamburgo y vio «lo hermosa que es la ciudad», «afortunadamente» se quedó y rápidamente encontró trabajo en la peluquería de Harry. Y con Bickeleit, quien llegó al local unos años después, con poco más de 20 años, nació un nuevo amor. La hija que tienen en común hace mucho que es adulta.

«Desde hacía tiempo ya no teníamos contrato de alquiler», relata Bickeleit. A pesar de ello, siempre lograron acordar una prórroga con el dueño, hasta que de repente se terminó todo. «Demasiado de golpe; nos habría gustado despedirnos adecuadamente de nuestros clientes».

 

Aquí los Beatles adoptaron el famoso corte

No todo el mobiliario del local, que atendía de 8 a 22, terminará en la basura, menos aún los sillones que aún se conservan en el sótano.

«Aquí estuvieron sentados los Beatles», afirma Stenzel con orgullo, levantando un cojín del asiento. Bajo un folio de plástico, se lee con letra algo retorcida: «Aquí nos sentamos los Beatles y yo ya a finales de 1961 para el corte de pelo al estilo de los Beatles, después de que Astrid arruinara el primer corte».

El mensaje fue firmado por Horst Fascher, promotor musical y cofundador del legendario «Star Club» próximo al puerto, para el cual había contratado a los Beatles.

Stenzel comenta que el peluquero Harry se lo relató de esta manera: «Astrid Kirchherr era una joven fotógrafa que tenía cierta amistad con los Beatles» y había invitado a los cuatro músicos de Liverpool a su casa para una sesión fotográfica. «Y ellos fueron. Pero todos tenían todavía ese estilo a lo Elvis».

Ese corte no gustaba a Astrid, por lo que resolvió tomar ella misma las tijeras. El resultado fueron los famosos cortes hongo o taza, «pero un poco desprolijos y desiguales». Cuando Fascher los vio, llevó a los Beatles a su peluquero de confianza, Harry, quien se encargó de mejorar el intento.

Los sillones originales que usaron los Beatles tuvieron que dar paso al nuevo mobiliario de caoba en 1974, y desde entonces están en el sótano. Pero estos no son los únicos testigos que forman parte de la historia de la peluquería, sino también otros objetos vinculados con la mítica banda, como discos de vinilo y fotografías, que aún adornan el local ya semivacío.

¿Y cómo seguirá ahora la rutina para Franz y Ute? «Tendremos una buena vida», confían los peluqueros y sonríen. «Solo cortaremos el pelo de nuestro perro… y el césped».

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