Por José María Almada Saad – Periodista – Uruguay
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Recreamos hoy lo que fue para nosotros una grata revelación sobre nuestro magno Khalil Gibrán, que publicamos en Agosto de 2016 – hace exactamente diez años atrás – en nuestra revista Hoja de Cedro. Llegaba a nuestras manos en aquel momento el libro “Mis Inmigrantes Queridos” del paisano José Pablo Rodriguez Bouchacourt de la ciudad de Rivera en el norte de Uruguay, incluyendo especial dedicatoria personal que atesoramos con gratitud.
José Pablo escribió en el Prólogo que su trabajo es “un humilde homenaje a mis abuelos inmigrantes, personajes entrañables, quienes ocuparon un espacio muy importante en mi niñez y adolescencia, dejándonos a sus descendientes, un maravilloso ejemplo de amor y vida”. Describe que por un lado “Pablo Bouchacourt Miguel y Catalina Chede Jorge dejaron el Líbano para siempre, siendo muy jóvenes y sembraron las simientes de sus vidas en el norte uruguayo. Le dieron a la ciudad de Rivera 25 hijos”.
Por otro lado “José Luis Iglesias, el abuelo que nunca conocí, fue marino mercante y ayudante de arquitecto. Un día como tantos españoles en busca de nuevos horizontes, partió rumbo a América. También ellos se radicaron en Rivera y le dieron a la frontera de la paz, siete hijos.
Desde el seno de las dos familias surgió un matrimonio, el de María Elena Bouchacourt Chede y José Luis Rodriguez Goncálves, mis padres; gracias a ellos hoy escribo este libro y cumplo una promesa hecha a mi madre antes de su muerte.” El trabajo de José Pablo recorre toda su familia, las calles, los comercios, las actividades, las amistades, los cruces matrimoniales con numerosa cantidad de familias lugareñas y paisanas, habla de Rivera, de Líbano, de la inmigración, hay mucho sentimiento; hay pasajes que son un verdadero canto al amor familiar, a la nobleza de vida, a los valores fenicios de nuestros antepasados.
Amigos de la infancia con Gibran
De la particular riqueza del libro se rescatan hechos imperdibles. Para este caso relata José Pablo que sus abuelos Pablo Bouchacourt Miguel y Catalina Chede se casaron en Líbano en Abril de 1900 y llegaron a fin de ese mismo año a Uruguay. Su abuela le contaba con el clásico uso de la “b”, “jugábamos entre los cedros por donde caminó Jesús, éramos unos diez niños…nosotros conocimos al boeta Kahlil Gibrán. Su abuelo Pablo le decía “Ellos ( la familia de Gibrán ) eran de Becharré como nosotros, bero se fue siendo niño del Líbano bara Norteamérica”, como una familia de emigrantes como tantas miles en aquella época. En aquel entonces no sabían que su amigo se convertiría luego en uno de los más grandes intelectuales de la humanidad, poeta, filósofo, pintor, falleciendo con apenas 48 años. Las familias se conocían entre sí, y fueron compañeros de juego en la niñez en Becharré, Líbano. Salomón el hermano mayor de los Bouchacourt en la niñez había sido también compañero de juegos de Gibrán antes que aquel niño se convirtiera en estrella literaria con los años. Era Salomón quien leía cartas a Pablo y Catalina que les enviaba Kahlil Gibrán quien por algún medio y a la distancia, desde Estados Unidos reencontró en Rivera a sus amigos de infancia. Lamentablemente la descendencia de Salomón quien conservaba las cartas, al faltar éste y sin saber su valor, entre muchas cajas que encontraron con papeles, sobres, documentos que en apariencia eran sin importancia, las eliminaron sin imaginar el tesoro histórico del que se estaban deshaciendo involuntariamente. Allí se perdieron esas invalorables cartas que sumarían a la historia del poeta y serían un capítulo muy importante en la vida de Pablo y Catalina, y todos “los Bouchacourt”. Más allá de la pena por el destino final de las cartas, está la certeza que el hecho existió, y confirma que en aquellas épocas de lentos barcos y ésta de internet, el mundo fue y será un pañuelo.
