Por Lisa Forster (dpa)
Berlín, 22 jun (dpa) – La actriz alemana Sandra Hüller interpreta a la famosa escritora austriaca Ingeborg Bachmann en el documental «Ingeborg Bachmann – Jemand, der einmal ich war» («Ingeborg Bachmann: Alguien que fue alguna vez yo»), que la directora germana Regina Schilling estrena ahora en cines de Alemania.
Quizá una de las mayores desgracias de Bachmann haya sido haber nacido en la época equivocada. Cuando llegó al mundo hace 100 años, y también más tarde, cuando se convirtió en una escritora famosa, muy pocas mujeres formaban parte del mundillo literario.
Esto hizo que la joven estrella de la literatura austriaca tuviera que soportar todo tipo de comentarios por parte de los hombres. «Nos imaginamos un día de su vida, durante sus últimos años en Roma. Adicta al alcohol y a las pastillas. Sola y retirada», comentó la directora acerca de su película.
Con peluca y fumando
La película coloca en primer plano los pensamientos de Bachmann sobre las relaciones de género, el amor y la identidad. La autora ya reflexionaba de forma muy divertida sobre el «mansplaining» (aunque, por supuesto, ella no lo llamara así), 50 años antes de que se convirtiera en un fenómeno discutido.
La película evita deliberadamente ser explicativa; es más bien asociativa. Se trata de una mezcla de escenas improvisadas con Hüller en el papel de Bachmann, material de archivo y la propia voz de Bachmann.
Hüller encarna a la escritora solo de forma indirecta, nunca habla como un personaje cinematográfico clásico. Más bien se la ve intentando ser Bachmann y reflexionando sobre sus textos.
La película la muestra caminando por un apartamento en Roma, con una peluca y ropa inspirada en la de Bachmann. A menudo viste una bata color azul bebé. Y siempre está fumando, mientras resuenan en ‘off’ los textos de Bachmann, o textos sobre ella.
«Las mujeres están destinadas a otras funciones»
La película reproduce una de las cosas que le escribió un amigo en común a una de las parejas de Bachmann, el poeta Paul Celan: «Creo que sería bueno que no quisieras volver a ver a Inge, ya que es muy poco femenina y solo puede vivir según su propio caos».
También se insertó en el documental un fragmento de una entrevista con el famoso crítico y escritor alemán Marcel Reich-Ranicki, quien afirmó que apenas había escritoras además de Bachmann y sentenció: «Es un hecho que las mujeres, por lo visto, están destinadas principalmente a otras funciones en la vida».
Por otra parte, la bata azul bebé que Hüller luce en la película es un indicio de cómo su pareja posterior, el ambicioso escritor suizo Max Frisch, plasmó su relación con Bachmann de forma bastante evidente en su literatura. En su libro «Digamos que me llamo Gantenbein», se refirió a detalles íntimos como la bata de baño de Bachmann, según explicó la directora Schilling a dpa.
Hoy en día, la relación de género en el sector literario es distinta. Sin embargo, la valoración de Ingeborg Bachmann sigue siendo la misma: es considerada una de las mejores autoras en lengua alemana de todos los tiempos.
Sandra Hüller: Bachmann me ha acompañado la mitad de mi vida
«Me ha acompañado durante la mitad de mi vida adulta, o desde mi juventud, como alguien que puede relatar los acontecimientos con gran precisión. Como alguien que observaba y escuchaba con mucha atención. Eso siempre me ha fascinado», comentó Hüller sobre Bachmann en la entrevista.
Tras el Holocausto, la escritora austriaca, cuyo padre se afilió al partido nazi (NSDAP) en 1932, luchó por encontrar un lenguaje que pudiera volver visible la violencia indecible. Su novela «Malina», con la que empieza y termina el documental, trata sobre la violencia política e interpersonal.
Mucho antes de que se convirtiera en un tema de debate en Austria, Bachmann abordó en ella la continuidad del fascismo tras el fin de la guerra.
Hacia el final de «Malina», se plantea la cuestión de si la narrativa femenina es siquiera posible en un mundo terriblemente marcado por la violencia patriarcal. En la vida real, Bachmann tuvo que responder a esto una y otra vez, probablemente también a sí misma.
En un momento de la película se la escucha decir: «No soy una mujer. Quiero decir: no soy del todo una mujer. Soy un error».
Bachmann era «un cerebro»
«Escribió estos textos después de su histerectomía. ¿Tenía que ver este conflicto de identidad con la operación? ¿O se debía a que fue un cerebro desde el principio? Es decir, una intelectual ya desde niña. Eso tenía una connotación masculina y ella no se sentía comprendida. ¿O se sintió en el cuerpo equivocado desde el principio? Todo es posible y yo no puedo responder a eso», señaló Schilling.
Hüller lo interpreta de otra manera. «Debido a que era tan buena observando y escuchando, se dio cuenta, por supuesto, de que existen diferentes facetas, como en cualquier ser humano. La diferencia es que ella lo verbalizó. Mucha gente no puede hacerlo», apuntó.
¿Le habría ido mejor a Bachmann de haber vivido en otra época? «Creo que, sin duda, habría habido otras formas de lidiar con lo que estaba, por así decirlo, irredento o sin resolver en su interior. Que se habría podido abordar de otra manera. Que hoy existen otros términos para ello o un debate diferente al respecto», dijo Hüller. Al mismo tiempo, cree que esa lucha contra lo que no era posible en su época fue también lo que dio forma a su obra.
Bachmann murió a los 47 años a causa de las graves quemaduras sufridas tras un accidente doméstico provocado por ella misma.