Múnich, 1 jun (dpa) – La motivación de los alumnos depende en gran medida de los maestros, según una investigación realizada en Alemania, que concluye que las emociones de los docentes en el aula influyen de forma decisiva en la calidad de la enseñanza.
Cuando los maestros sienten alegría, ofrecen clases de mayor calidad que fortalecen la confianza, el interés y el rendimiento de los estudiantes, mientras que el enfado se asocia con peores resultados académicos, según un estudio publicado en la revista científica internacional «Journal of Educational Psychology».
Marina Elena Pfeifer, de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich y autora principal del trabajo, destaca que existe una gran diferencia en función de si los profesores experimentan alegría o enfado en el aula, ya que enseñar no es solo una actividad intelectual, sino también emocional.
La investigación fue realizada por equipos de Múnich, Berlín y Kiel, que analizaron el impacto de las emociones docentes en el proceso de aprendizaje y sus efectos en el rendimiento escolar.
Datos procedentes de Alemania y otros siete países
Los investigadores reunieron datos de 679 profesores de matemáticas y más de 17.500 estudiantes de alrededor de 15 años en ocho países. El estudio incluyó escuelas de Chile, China, Colombia, Alemania, Japón, México, España y Reino Unido. Para garantizar la comparabilidad, todas las clases trabajaron la misma lección de matemáticas, centrada en la introducción de las ecuaciones cuadráticas.
Los docentes fueron evaluados mediante la denominada «Teacher Emotions Scale» (Escala de emociones docentes), que mide cuánta alegría o enfado experimentaron durante la enseñanza. Según los autores, se eligieron estas dos emociones porque, de acuerdo con análisis previos, son las más representativas entre las emociones positivas y negativas en el profesorado.
Por su parte, los alumnos evaluaron la calidad de la enseñanza, su propio nivel de confianza en las matemáticas y su interés por la materia, además de realizar una prueba de rendimiento.
Los maestros que experimentaban más alegría eran, en promedio, más capaces de organizar clases de forma eficaz, establecer relaciones de apoyo con los estudiantes y aplicar estrategias de enseñanza que estimulaban cognitivamente el aprendizaje. Esto, a su vez, se asociaba con una mayor confianza de los alumnos, un mayor interés por el aprendizaje y mejores resultados en las pruebas.
En cambio, los profesores que sentían más enfado mostraban, de media, una peor calidad de enseñanza en los tres aspectos, y los resultados de aprendizaje de sus estudiantes también eran inferiores.
Se producen procesos de retroalimentación positiva
Según explicó Pfeifer, probablemente los docentes entran fácilmente en ciclos de retroalimentación. «Un profesor enfadado podría tener dificultades para gestionar la clase de forma eficaz, lo que conduce a malos resultados de los alumnos, lo que a su vez hace que el docente se sienta aún más frustrado y menos exitoso, un círculo vicioso», concluye.
En cambio, un docente alegre genera una espiral positiva, en la que una enseñanza eficaz conduce al éxito de los estudiantes, «lo que a su vez hace que el docente se sienta más feliz y orgulloso de su trabajo», añade.
Lo más fascinante para los investigadores fue la coincidencia de los resultados en los distintos países. «A pesar de las importantes diferencias culturales, económicas y lingüísticas, los mecanismos mediante los cuales las emociones de un docente influyen en la calidad de la enseñanza y en el rendimiento de los estudiantes se mantuvieron notablemente similares en todo el mundo», afirma Pfeifer.
Promover el bienestar emocional del profesorado
Los investigadores concluyen a partir de sus resultados que es importante fomentar la actitud positiva de los docentes. «La principal conclusión para la práctica es que promover el bienestar emocional de los docentes no es solo un ‘extra agradable’, sino un elemento decisivo para el éxito educativo de los estudiantes», enfatiza Pfeifer. Agrega que las escuelas y los responsables políticos deberían dar prioridad a la reducción del estrés docente.