Gifhorn (Alemania), 23 mayo (dpa) – La demanda de productos regionales y de harina molida de forma tradicional sigue en aumento en Alemania, impulsada por un creciente interés por el pan casero y los alimentos artesanales.
«Tenemos una gran afluencia, ya que la elaboración de pan casero ha aumentado», cuenta Eckhard Meyer, quien dirige el molino histórico de Bardowick en Luneburgo, en el norte de Alemania.
«Muchas panaderías pequeñas están cerrando, pero la gente no quiere comprar solo productos industriales», agrega.
El molino artesanal, con sus grandes aspas, está en constante funcionamiento. Allí se procesan entre dos y tres toneladas de grano al día, molido tanto con energía eléctrica como con la fuerza del viento de las aspas tradicionales.
Meyer adquiere directamente de agricultores de la región trigo, espelta y otros productos menos habituales como trigo sarraceno, centeno silvestre y centeno de grano claro.
La molienda sigue realizándose en este molino construido en 1813 como una antigua técnica artesanal. Su hijo Juro obtuvo el año pasado el título de maestro molinero en Stuttgart y, a sus 25 años, prevé continuar con el negocio familiar, que ya entra en su séptima generación.
Un segundo molino histórico
Con el objetivo de asegurar el funcionamiento del negocio a futuro, la familia debate la instalación de un segundo molino histórico. La financiación ya está garantizada, pero el proyecto, según Meyer, supone un riesgo.
El molino, construido en 1860, procede de Wiesmoor, en Frisia Oriental, y tras ser desmontado estuvo durante años en el Deutsches Museum de Múnich. Actualmente se encuentra en contenedores, desarmado en piezas.
«Sería algo único en Alemania: dos molinos antiguos en una misma instalación que muelan de forma comercial con energía eólica», comenta el molinero, de 58 años. Antiguamente, explica, había unas 15.000 molinos de viento en Alemania y hoy solo quedan cinco en funcionamiento comercial.
La fiesta del molino
Actualmente todo el personal de la tienda y la cafetería está ocupado con los preparativos de la fiesta del molino, el 25 de mayo. El año pasado acudieron alrededor de 5.000 visitantes.
Además de la cafetería, instalada en dos casas de entramado de madera reformadas como un espacio moderno con grandes ventanales, se ofrecen diversas actividades en el recinto.
En otras, se muestra con caballos cómo se labraba la tierra en tiempos antiguos y los niños pueden moler el grano con sus propias manos. Posteriormente, se elabora pan de forma colectiva.
«El Día de los Molinos es más que una jornada de actividades», afirma el director del Museo Internacional del Molino de Gifhorn, Philipp Oppermann. «Es una invitación a descubrir las raíces de nuestra civilización técnica y, al mismo tiempo, a reflexionar sobre su importancia para el presente y el futuro», añade.
El museo de Gifhorn forma parte de la ruta de los molinos de Baja Sajonia, que cuenta con cientos de emplazamientos en numerosos distritos.