Año 9, Número 26 – 8 de Marzo de 2026

ISSN 2591 4227

Informe alemán analiza la creación de startups universitarias europeas

Las universidades y los centros de investigación de Alemania podrían crear muchos más puestos de trabajo mediante el impulso de empresas emergentes, un aspecto en lo que se encuentran rezagadas en comparación con otros países europeos, según un estudio.

A esta conclusión llega el análisis realizado por el instituto AlpMomentum, la empresa de capital riesgo Redstone, la Universidad Técnica de Múnich y la Universidad de Tréveris, al que ha tenido acceso la agencia dpa.

Los autores calculan en el reporte cuántas empresas de éxito se crearon en un periodo de 10 a 12 meses el año pasado por cada 1.000 universidades europeas y 50 centros de investigación públicos.

Y constatan grandes diferencias, ya que por cada 100 millones de euros (116 millones de dólares) de presupuesto, el número de startups creadas varía entre 1 y 80.

Como era de esperar, las escuelas de negocios obtienen resultados especialmente buenos, ya que es probable que muchos futuros empresarios las elijan para formarse. En cambio, «cuanto más grandes son las instituciones, más ineficientes se vuelven», según Michael Brehm, fundador de Redstone. Los centros de investigación públicos, asimismo, obtienen resultados relativamente malos.

 

Alemania en la parte baja de la tabla

En esta clasificación, entre los 36 países y regiones analizados (el Reino Unido se divide en partes como Gales e Inglaterra), Alemania se sitúa en la parte baja de la tabla, con 9,7 nuevas empresas registradas por cada 100 millones de euros de presupuesto.

Andorra (52,2 nuevas empresas) ocupa el primer puesto, aunque con una sola institución, por delante de los países bálticos y Francia. En Alemania se evaluaron 143 universidades y 9 centros de investigación.

«En Alemania se puede acceder bastante bien al capital de fase inicial a través de becas estatales», explica el economista Jörn Block, de la Universidad de Tréveris, que participó en el estudio. «La cosa se complica cuando se quiere crecer», indica.

Aunque en lo que respecta al estudio esta cuestión es secundaria, no lo es para quienes eligen dónde fundar una empresa. «Si sé que aquí no puedo crecer, quizá renuncie a crear la empresa o me vaya directamente a otro lugar. Precisamente en el ámbito de la biotecnología, muchos emigran a Estados Unidos», señala Block.

En Inglaterra, donde el éxito es relativamente mayor, es más fácil conseguir capital riesgo, opina. Y añade: «A diferencia de Alemania, en Reino Unido hay menos grandes consorcios de investigación como la Sociedad Fraunhofer, la Asociación Helmholtz o la Sociedad Max Planck.

Allí, la investigación tecnológica está más integrada en los ecosistemas de las universidades, lo que acorta el camino hacia los estudiantes como posibles fundadores». Buenos ejemplos de ello son las universidades de Oxford y Cambridge, agrega.

 

El efecto sobre la economía

Según el «Redstone University Startup Index», un mayor número de empresas emergentes reporta importantes beneficios económicos. Los autores cuantifican su magnitud mediante una extrapolación en la que suponen que todas las universidades y centros de investigación obtendrían resultados tan buenos como el 10 % superior, que a su vez mejoraría ligeramente.

De este modo, en los próximos diez años podrían surgir más de 445.000 startups adicionales, más de 13 millones de puestos de trabajo, más de 5 billones de euros (5,8 billones de dólares) de rendimiento económico extra y más de 9 billones de euros de valor empresarial adicional, así como más de 1,5 billones de euros de ingresos fiscales.

Sin embargo, el análisis no ahonda en las condiciones reales de los centros de investigación analizados ni en las diferentes especialidades en investigación y docencia.

 

Factores positivos

A la pregunta de qué factores favorecen la creación de empresas, el investigador Block señala como modelo a la Universidad Técnica de Múnich, que ocupa uno de los primeros puestos entre las grandes universidades. «Allí hay financiación, contacto con modelos a seguir y estructuras de formación; además, la universidad lo ha promocionado».

El inversor Brehm cree que no se trata tanto de dinero como de un cambio de mentalidad. «Necesitamos más pensamiento emprendedor en los estudios y en las universidades», argumenta. Esto es cada vez más importante, apunta, aunque no se quiera crear ninguna empresa.

«Incluso carreras como la de Filosofía cobran de repente una gran relevancia desde el punto de vista de la creación de empresas cuando se trata de cuestiones relacionadas con la interacción entre el ser humano y la máquina», pronostica Brehm.