Año 9, Número 26 – 8 de Marzo de 2026

ISSN 2591 4227

«Salz & Wasser»: documental alemán viaja a los confines de la Antártida

 

Por Ángel García Català (dpa)

Galardonado en marzo con el premio a la mejor fotografía en el Blue Water Film Festival de San Diego (Estados Unidos), el documental germano «Salz und Wasser» (agua y sal) tuvo su estreno europeo esta semana en el festival Filmfest de Bremen, en el norte de Alemania.

La cinta, dirigida por la directora alemana Ines Reinisch, relata el desarrollo de la expedición científica EASI-2 a la Antártida oriental a bordo del buque rompehielos de investigación «Polarstern», combinando las experiencias y testimonios tanto de la tripulación como de los investigadores.

Ese es un aspecto que destaca Reinisch al conversar con la agencia dpa, su intento por mostrar no solo a

los científicos que llevan a cabo las investigaciones, en este caso del Centro Helmholtz de Investigación Oceánica Geomar y el Instituto Alfred Wegener (AWI), sino a quienes hacen posible todas las expediciones con su trabajo en el buque.

«Lo que quería conseguir con la película es que haya otra perspectiva sobre la ciencia. Por supuesto también mostrar la problemática del calentamiento global, porque nos afecta a todos, pero para mí era importante facilitar un acceso a la ciencia y a lo que esta representa», cuenta.

«Y es que la ciencia implica mucho trabajo, una gran precisión y una increíble capacidad de perseverancia, y lo mismo ocurre con la tripulación: la ciencia no puede funcionar sin la infraestructura que la rodea y, en el caso de la investigación polar, hablamos del ‘Polarstern’ y de su fantástica tripulación, que lo hace posible con su enorme dedicación», agrega.

Otro elemento distintivo de «Salz und Wasser» es el uso de la voz en off de la propia Reinisch, que guía desde el principio al espectador por lo que van contando algunas de las imágenes. La razón, según ella, tiene que ver con la sana envidia que recibió inicialmente al contarles a sus amigos y familiares que iría como cineasta a una expedición a la Antártida.

«Quería llevar conmigo al público, que tuviese la sensación de estar a bordo del barco y, por eso, diseñé el sonido para que los efectos se escuchen realmente de manera envolvente, en 5.1, mezclándolo de tal manera que siempre da la sensación de estar allí; y eso también puede servir para que el público se identifique, para que realmente se sumerja en esta película y en esta situación», explica.

Un barco que lucha por y contra la naturaleza

Como si de un personaje más se tratara, entre científicos y marineros, el buque de investigación «Polarstern» es sin duda el gran protagonista de la película. Con más de 40 años de servicio a sus espaldas, 118 metros de eslora y una tripulación de 44 personas (a las que se suelen sumar otros tantos científicos), su mayor particularidad es sin duda ser un buque rompehielos.

Así, en la escena que abre la película, se puede observar cómo sus 20.000 caballos de potencia luchan por romper una capa de hielo de más de un metro de grosor, en un intento por llegar a una brecha cercana (lo logra solo tras dos días de navegación, en los que avanza cuatro millas náuticas, que vienen a ser casi siete kilómetros y medio).

Reinisch habla de una «cura de humildad» al ver la fuerza de la naturaleza, su poder, y describe como «espectacular» la manera en la que el barco hace precisamente eso, luchar contra la naturaleza, pese a que su misión general es justo lo contrario, apoyar la ciencia que pueda explicarla y lleve quizás a su conservación.

La expedición EASI-2 (East Antarctic Ice Sheet Instabilities, o inestabilidades de la capa de hielo de la Antártida oriental) se llevó a cabo desde finales de noviembre de 2023 a principios de febrero de 2024, bajo el liderazgo del investigador alemán Marcus Gutjahr.

Su misión principal, según el Instituto Alfred Wegener, fue paliar la falta de conocimiento sobre las interacciones que se dan en la Antártida oriental entre el hielo, la atmósfera y las corrientes oceánicas, tomando muestras a miles de metros de profundidad.

Esta falta de conocimiento, explica el instituto con sede en Bremerhaven (norte de Alemania), genera una gran incertidumbre sobre la velocidad a la que podría subir el nivel del mar como consecuencia del calentamiento global provocado por el hombre y sobre cómo cambiará la capacidad del Océano Austral para absorber calor y dióxido de carbono atmosférico (CO2).

Ciencia y política

El trabajo científico es por supuesto otro elemento central de la película, que muestra no solo la forma en las que los investigadores realizan sus muestras y las almacenan, sino que les ofrece una tribuna desde la que reflexionan acerca de su rol en la sociedad y su relación con la política.

Gutjahr, el responsable de la expedición, traza una clara línea entre ciencia y política, por ejemplo, destacando que su trabajo debe limitarse a recoger datos, compararlos con otros recabados en pasados estudios y sacar conclusiones sobre posibles cambios registrados.

Una de las estudiantes de doctorado participantes en el proyecto, por otro lado, reflexiona acerca de la dedicación que supone la ciencia y su falta de visibilidad o reconocimiento en la sociedad, sobre la carencia de impacto ante los problemas que muestran los estudios sobre el cambio climático.

Acompañada por imágenes grabadas desde un helicóptero en el glaciar Denman, de unos 15 kilómetros de ancho y amenazado por el deshielo, una de las reflexiones finales del documental corre a cargo del capitán del «Polarstern», Felix Lauber.

Lauber habla sobre su labor como responsable de la seguridad de los todos los tripulantes, también en última instancia como responsable de garantizar el trabajo científico que pueda llevar a una difusión de lo que está pasando en el mundo, en este caso en la Antártida oriental.

Y eso le lleva a reflexionar sobre la responsabilidad personal de todos nosotros, de los cambios que vienen, de la capacidad del ser humano para adaptarse en condiciones extremas como mayor virtud de una especie que, de no ser así, hace tiempo que se habría extinguido.

La voz de Reinisch apenas aparece entonces, solo para preguntarle a Lauber por su opinión sobre el panorama actual en el glaciar Denman, en un «colapso» tan bello como trágico, que supone el cierre de un documental entre científico y social, personal y colectivo.

«Crear un documental algo diferente a lo habitual fue todo un reto, porque las normas clásicas de un documental científico —y mi película no es un documental científico, sino un documental cinematográfico— suelen implicar mucha música épica y mucho texto», comenta a dpa.

«Todo se explica con gran detalle y, en realidad, hay poco espacio para las emociones y eso precisamente es lo que no quería hacer, quería contar la película de otra manera», agrega.

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