
Por Julia Kilian
Berlín, 27 dic (dpa) – Cuando Hildegard Knef, gran artista alemana, le escribía a su maquillador, apelaba a pequeñas cosas llenas de humor y autoironía: «¿Puedes venir mañana? La piel y el alma lo necesitan».
Su maquillador era René Koch, y sigue echando de menos esos mensajes hasta hoy. Este 28 de diciembre, Hildegard Knef habría cumplido 100 años. Como actriz, cantante y autora, marcó la Alemania de la posguerra.
Una mujer con voz ronca, letras inteligentes y ojos maquillados de oscuro.
«Cuando se ponía las pestañas postizas, ya era una diva», recuerda su antiguo maquillador Koch. Lo que más le fascinaba era su humor porque, a pesar de las adversidades de la vida, no se dejaba vencer.
Con canciones como «Für mich soll’s rote Rosen regnen» (Que lluevan rosas rojas para mí), «Im 80. Stockwerk» (En la planta 80) y «Von nun an ging’s bergab» (A partir de ahí todo fue a peor), Knef se convirtió en un icono de la canción. Su tema «Berlin, dein Gesicht hat Sommersprossen» (Berlín, tu rostro tiene pecas) es un himno a una ciudad complicada.
Cuando el escorpión pica
Nació el 28 de diciembre de 1925 en Ulm, en el sur de Alemania. Knef rodó «Die Mörder sind unter uns» (Los asesinos están entre nosotros, 1946), la primera película alemana de la posguerra, y, tras un intento fallido en Hollywood, asumió el papel protagonista en la película «Die Sünderin» (La pecadora, 1951). Esta incluía una escena de desnudo y provocó un escándalo.
Actuó en Broadway, escribió sus propias letras de canciones y tuvo éxito como escritora («Der geschenkte Gaul»). También pintaba. Sufrió enfermedades, adicción a las pastillas y tuvo tres matrimonios.
Para Koch, era moderna, emancipada y sincera, aunque esa sinceridad a veces le perjudicaba.
Según él, había dos versiones: la maternal Hilde y la diva que aparecía en público. Knef era una típica capricorniana, dice Koch, «ascendente en escorpio», y «cuando llegaba, también picaba». Sin embargo, él se llevaba bien con ella.
Su sinceridad también se podía observar en las entrevistas. Hablaba abiertamente de sus fracasos y decía cosas inteligentes, como se puede ver en el documental «Hildegard Knef – Ich will alles» (Hildegard Knef – Lo quiero todo), que emite la cadena ARD.
Una vida desordenada
Cuando un reportero de televisión intentó caracterizarla (al decir que al parecer era «ingénua y confiada», pero calculadora, «rebelde e independiente», pero necesitada de apoyo), ella respondió: «Me está convirtiendo en 24 personas a la vez». Y se encendió un cigarrillo.
Por supuesto que las personas experimentan muchos cambios, continúa Knef. El cambio, la variabilidad, es lo más constante en nuestras vidas, dice. «Es una vida desordenada», asegura, y señala que esto se aplica a todas las vidas. Incluso cuando se intenta organizarlas de forma muy ordenada.
La felicidad solo dura unos minutos
¿Cuándo fue feliz? «¿Realmente feliz? ¿Qué es la felicidad?», responde Koch.
La propia Knef escribió: «La felicidad solo dura unos minutos, el resto es sala de espera». Cuando su hija estaba allí, seguro que era feliz, como cualquier madre. Koch afirma que lo interesante de Knef era que nunca se quejaba. «Era una mujer luchadora».
«Con ella reí más de lo que lloré», dice Koch, que hoy expone muchos recuerdos en un piso antiguo del oeste de Berlín. Cuando ella tenía un mal día, él la recogía con su dos caballos y se iban a los almacenes berlineses KaDeWe o a la tienda de sombreros.
Mejor un cartón de cigarrillos
Si se le quería hacer un regalo, había tres cosas con las que se le podía hacer feliz. No eran las rosas rojas, como siempre habían pensado los fans, cuenta Koch. «No. Un cartón de Marlboro, una botella de champán Dom Pérignon y un cuenco de caviar ruso», enumera. También le regalaba cosméticos y ropa.
Cuando cambiaron los tiempos y la moda, le aconsejó que se maquillara menos. Pero ella quiso conservar las pestañas, y, en retrospectiva, fue una buena decisión, admite Koch. «Todavía hoy hablamos de las pestañas y fue acertado que no se las quitara», asegura.
Knef murió el 1 de febrero de 2002 a los 76 años. Su vida fue llevada al cine con Heike Makatsch y narrada en una novela gráfica. «Para ella, lo más bonito siempre era el momento».