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Hoy frente al mar me has dicho adiós.
Y como si fuera una broma, sonrío sin ninguna pasión
¿¡Pasión!?, mejor dicho, dolor.
Y aunque tú me observas defraudado,
yo, ¿qué puedo hacer?
si tu adiós me dio alas
y la gaviota antes sin ellas,
a volar a comenzado otra vez.
Y ahora que me miras presintiendo que me pierdes;
ahora que tú dudas si me duele o no,
pues nunca sabrás si en realidad te quise
o todo lo eché al olvido hoy.
Ahora no intentes asirme de la mano,
pues mis alas se alzan en vuelo
y no volveré aquí.
Sabes, has liberado a mi corazón
y los lazos que nos unieron hoy se han desatado,
sin que podamos evitarlo.
Quizás por eso, no hacemos nada
pues sabemos que, al pasar el tiempo,
tú me habrás olvidado como también lo haré yo.
¿Qué es el amor?,
le pregunto al Dios Eterno,
quizás, algún día me conteste.
Pero para ese entonces …
tú serás un hombre, yo una mujer.
Tú serás un profesional, y yo estaré por serlo.
Y para ese entonces, yo estaré frente al altar
de nuestro encuentro.
Y retiraré sin tormento la rosa del olvido.
Para llevarla en mis adentros,
para borrar lo que he sentido.
Para robarle al amor, mi corazón,
que sin querer naufragó
en ese río de tormento.
Dime, ¿qué espero ahora?, dime, ¿qué?
Mejor no lo digas
porque más me dolerá y se agrandará
esta herida.
Herida del alma, herida de amor
que solo sanará con el tiempo.
Como quisiera decirte lo que siento
pero no, pues ya está listo tu vuelo
y yo me quedo pensando:
en lo que pasó, en lo que pasará;
en el futuro tuyo y mío.
En …
¿para qué más ilusiones?,
¿para qué lastimarme más?
Mañana, tú estarás lejos,
más aquí estaré yo.
Mañana, tú serás un hombre,
yo una mujer, mañana …
“Mañana, -me dices-
tú serás una poetisa, mi recuerdo de amor.
Yo seré un joven más en tu poesía,
y un joven más en tu historia de amor.
Adiós, te digo, adiós”.
Yo respondo: “Adiós amigo, adiós”
Kelly / 1985